Aprovechando que en nuestro país el 15 de mayo se festeja el “Día del Maestro”, creo que para nosotros como deportistas o atletas que somos, nuestro entrenador es, ciertamente, nuestro “maestro” en el deporte que practicamos.

Los entrenadores son, generalmente, atletas profesionales que ven en dedicarse a entrenador como una progresión natural después de su retiro. Otros empiezan desde las raíces, deciden estudiar para entrenador y aprenden el oficio atendiendo a las escuelas correspondientes además de aprender de los compañeros que tienen más experiencia.

Los entrenadores, al igual que los maestros, tienen en sus manos la gran responsabilidad de “enseñar” sus conocimientos en el deporte que entrenan; su objetivo sería que te enseñen y ayuden a ser un mejor atleta, a mejorar en tu deporte y a dominarlo de tal manera que logres sacar la mejor versión de tí en la actividad a la que te dedicas.

Y yo no me quedaría solo con el objetivo “académico” (en el caso de los maestros), o “deportivo” (en el caso de los entrenadores), creo que su responsabilidad va más allá. Creo tanto maestros como entrenadores son, además, “educadores”, y como tales, deben inculcar a sus alumnos valores y principios que les ayudarán no solo en su deporte sino que los harán crecer y madurar como seres humanos.

La educación en general y en cuanto a valores en particular, ciertamente “se mama en casa”, nuestros padres son los primeros educadores, así como nuestros familiares más cercanos: la abuela, el abuelo, los tíos y hasta nuestros hermanos mayores.  Pero fuera de nuestra casa, cuando empezamos a ir a la escuela y a entrenamientos, nuestros maestros y entrenadores influyen también en nuestra educación.

El deporte es tan noble, que no solo nos brinda múltiples beneficios físicos sino que, además, aprendes a ser mejor persona, porque el deporte es ideal para aprender valores:

  • Aprendes el “respeto”, tanto para tí mismo y como para los demás.
  • Aprendes a conocerte mejor, conociendo tus habilidades así como los aspectos en los que tienes que trabajar más.
  • Aprendes a “ser honesto” y a “jugar limpio” como el único camino para competir de verdad.
  • Aprendes a “no hacer trampa”, porque eso es “engañarte a tí mismo” (lo cual es rídículo porque, aunque los demás no lo sepan, tú sí sabes que te estás mintiendo).
  • Aprendes a ser “disciplinado”, no solo con tus entrenamientos sino en tu vida en general.
  • Aprendes a “seguir las reglas”, esto es, obedecer los reglamentos para que las cosas funcionen como tienen que funcionar.
  • Aprendes a trabajar en equipo, en donde cada quien tiene una tarea que hacer y todos hacen su mejor esfuerzo por el bien del equipo. Esto te servirá no solo en tu deporte, sino también en tu trabajo y en tu vida personal.
  • Aprendes a conocer a tus rivales, a respetarlos y admirarlos cuando lo hacen mejor que tú.
  • Pero, sobre todas las cosas, el deporte te ayuda a dar lo mejor de tí mismo.

Y, ¿Cómo es un buen entrenador?

Además de que debe tener un conocimiento experto en las habilidades, técnicas y entrenamiento físico asociado con su deporte, un entrenador debería conocer muy bien a cada uno de sus atletas para saber cómo comunicarse con ellos, cómo enseñarles, cómo transmitir sus conocimientos y como ayudarlos a mejorar.

En el deporte infantil, por ejemplo, en donde los pequeños mejoran por default pues así van madurando físicamente, un buen entrenador enfoca sus esfuerzos en las estrategias que funcionen mejor para logar el máximo impacto.

En el caso de los deportes por equipos, la buena integración de un equipo tiene un efecto enormemente positivo en el rendimiento deportivo, pero es más efectivo cuando los entrenadores alientan a sus equipos a concentrarse en un objetivo compartido.

Los entrenadores también deben ser conscientes de su influencia en el estado mental de sus atletas, si hay enojo, cansancio, confusión y tensión, todos están relacionados con resultados negativos de rendimiento.

Y por el contrario, cuando el atleta está en paz consigo mismo y con su entrenador, los resultados positivos pueden ser sorprendentes.

También influye el buen ánimo de la familia y amigos del atleta en el momento de las competencias. El ir a ver a un familiar compitiendo, es también muy emocionante y ayuda al atleta a esforzarse más y sentirse mejor.

En mi experiencia personal, aprendí a correr bien no solo porque tenía la habilidad de hacerlo, sino también porque tuve un muy buen entrenador. Él me hizo ver que podía correr muy bien, más rápido y aguantar más de lo que yo misma pensaba. Hubo entrenamientos en donde me pedía correr a un determinado paso y yo decía: “Es muy rápido, no creo poder”.  Pero él insistía: “Inténtalo, claro que puedes”… Y podía.  A veces, yo misma me sorprendía de lo bien que él me conocía y de que a mí me faltaba conocerme y creer más en mí.  Aprendí a disfrutar de los entrenamientos, ya fueran intensos o largos, siempre resultaba satisfactorio poder completarlos y, darme cuenta, de que podía hacer cuanto me propusiera.

Un buen entrenador acaba siendo como un buen amigo, a veces quizá la primera persona con la que hablas por la mañana. Es a quien platicas cómo amaneciste, cómo te sientes, con quien compartes quizá la mejor parte de tu día, dando tu mejor esfuerzo en el deporte que más te gusta hacer.

Además y generalmente, un buen entreandor va formando un buen equipo, y el hecho de pertenecer a un equipo y entrenar con ellos, te ayuda a correr mejor.

Finalmente, un buen entrenador es un buen amigo que te enseña a dar tu mejor esfuerzo y que forma un grupo de buenos amigos que se consideran un equipo. Un equipo en donde juntos aprenden no solo a mejorar en el deporte que practican, sino además, a disfrutarlo y, sobre todo, a compartir y gozar de los buenos momentos con tus amigos y entrenador.

¡Feliz Día del Maestro “querido ENTRENADOR”!

Por Claudia Plasencia para: www.asdeporte.com

VíaClaudia Plasencia
COMPARTIR